Sadayakko, la geisha que llegó a actriz (la llegada del teatro japonés a Occidente, 1ª parte)

Ha llegado a mis manos un documento curioso y me dicen que tengo un tesoro. Se trata de un programa de mano de teatro de 1930, en Barcelona, con obras representadas por una compañía japonesa, la de Tokujiro Tsutsui. Quien me dice que tengo un tesoro es el profesor de la Universidad de Zaragoza, David Almazán, aunque él, como especialista en estos temas, es un enamorado de pequeños objetos como éste y por lo tanto no sé si es muy objetivo. En todo caso, yo cuando lo vi no dudé en comprarlo. Me intrigó el saber qué hacía una compañía japonesa de teatro en España en aquella época. Investigando sobre el tema ahora sé que no fue la primera, sino la segunda, así que si quieren saber más, síganme en este viaje en dos partes que les hablará de una geisha, dos compañías y mucho ‘japonismo’.

Hace casi 111 años, en 1900, llegaba a España la compañía de Otojiro Kawakami, cuya actriz principal, Sadayakko, fascinó a los intelectuales y artistas europeos de la época. Por lo tanto, mi folleto de 1930 corresponde a la segunda compañía que pisaba tierras españolas, tres décadas después de la primera. Es bien conocida la influencia que todo lo japonés tuvo en las vanguardias artísticas de finales del siglo XIX y primeras décadas del XX, el denominado ‘japonismo’. En esta primera entrada de las dos prometidas me centraré en Sadayakko y en la pionera compañía japonesa de teatro que visitó Occidente por primera vez.

Sitúense entre finales del siglo XIX y principios del XX, cuando casi ningún occidental había visitado Japón. Pese a ello, el lejano país comenzaba a sonar por todas partes. Fruto de la apertura que supuso la restauración Meiji de 1868, Japón se abrió al mundo después de varios siglos de autoaislamiento, y empezó a importar conocimientos occidentales en casi todos los campos del saber. La apertura, por supuesto, fue en ambos sentidos y de esta forma, en cuanto Occidente tuvo más opciones de conocer cosas de un país tan diferente las sensaciones que causó fueron intensas y variadas, desde la admiración por su capacidad de modernización, a la sorpresa por muchos de los aspectos de su vida cotidiana, la curiosidad por sus manifestaciones y técnicas artísticas o incluso la incredulidad ante sus victorias en las guerras sostenidas contra China y, sobre todo, Rusia (un potencia europea).

En el ámbito artístico, desde mediados del siglo XIX el arte japonés empezó a llegar a Occidente y no tardó en entrar en las grandes capitales europeas, en donde influyó en muchos artistas de finales de siglo como Monet, Whistler, Manet, Van Gogh, Toulouse-Lautrec, Gauguin o Picasso, por citar sólo algunos. El descubrimiento de su teatro en Occidente se produce en este contexto de apreciación de lo japonés, en especial de todo aquello relacionado con el arte, y por dos vías: los escritos divulgativos en libros y revistas culturales, y las visitas de compañías teatrales. Respecto a esta segunda vía, el teatro popular japonés o kabuki llegó de la mano de una exgeisha, Sada Kodama, Sadayakko de nombre artístico (adaptado aquí como Sada Yacco), la primera mujer que se atrevió a actuar sobre un escenario en su país, en donde había estado prohibido durante más de doscientos años para ellas y los papeles femeninos eran asumidos por actores especializados.

A partir de 1899, la compañía de su marido, el también actor Otojiro Kawakami, se embarcó en una serie de giras que les llevarían aquel año por diversas ciudades de Estados Unidos y, a partir de 1900, por Europa, en donde actuaron con gran éxito en la Exposición Universal de París, y luego por varias capitales entre las que figuran Londres, Madrid, Barcelona, Viena, San Petersburgo, Génova… El repertorio, eso sí, era mixto ya que mezclaba obras japonesas y occidentales. El profesor Almazán argumenta que este hecho “refleja perfectamente el espíritu cultural del Japón Meiji, una yuxtaposición de tradición y apertura a Occidente”, pero sin duda también buscaba una introducción más asequible de su teatro en un público totalmente profano en él. En la mayoría de los teatros el trabajo de esta compañía fue reconocido, y en muchos admirado con fervor. A su paso por Barcelona, en mayo de 1902, realizaron tres funciones pero aquí según las crónicas pasaron con más pena que gloria. No sucedió lo mismo en Madrid, donde al parecer tuvieron más éxitos de crítica.

Sadayakko como símbolo de la mujer japonesa

En cuanto a la actriz principal, el enviado especial de La Vanguardia a la Exposición Universal de París escribía en su crónica del 23 de octubre de 1900 que Sadayakko “cautiva por su fineza, por los matices expresivos de su cara, principalmente de sus ojos, que hablan, si es permitido decirlo así”. Sadayakko lo tenía todo para encarnar el símbolo orientalista de la mujer japonesa que se estaba difundiendo en esos años (había sido geisha) pero al mismo tiempo rompía moldes puesto que fue capaz de alterar la tradición del kabuki según la cual las mujeres no podían actuar con los hombres sobre el escenario. Me temo, sin embargo, que se impuso lo primero. El 13 de diciembre de 1899, el Boston Herald elogiaba a la diva en estos términos: “Sada Yacco es como el más hermoso bajorrelieve de marfil, radiante en sus sedas y brocados. ¡Y como baila la geisha! Flexible igual que una rama de sauce…”. Su biografía, imagino, debía ser desconocida para la gran mayoría de los que aquí la trataron.

La periodista y crítica Lesley Downer recopiló la vida de Sadayakko en un libro de revelador título: “Madame Sadayakko: the geisha who seduced de West” (Madame Sadayakko: la geisha que sedujo a Occidente”). Sada Koyama nació en Tokio en 1871, en el seno de una familia de samuráis arruinada económicamente. Fue vendida a los cuatro años a la dueña de una casa de té para ser formada como geisha. Fue protegida por el conde Hirobumi Ito durante varios años. Bajo sus auspicios medró en la alta sociedad de la capital, y cuando Ito dejó de ser su amante los campeones de sumo sucedieron a los dignatarios. Más tarde se casaría con el actor de teatro de vanguardia Otojiro Kawakami. Con él realizó las giras por Occidente. A su regreso, con las ganancias obtenidas fundaron un teatro en Tokio pero Otojiro enfermó después de apendicitis y murió. Más tarde, Sadayacco abandonó las giras de teatro, aunque todavía actuaría ocasionalmente y también fundaría un escuela teatral infantil y un teatro para jóvenes en Tokio. Pero su rumbo profesional cambió de negoció ya que montó una empresa textil de seda en Nagoya dedicada a la exportación. También erigió un templo en Unume, en donde a su muerte sería enterrada. En estos años se unió a su gran amor de juventud, Momosuke Iwasaki, ahora convertido en “el rey de la electricidad”.

Sadayakko murió en 1946, según Downer en el olvido del gran público por su obstinación “por vivir de espaldas a unas normas que implicaban la sumisión de la mujer japonesa a la voluntad del hombre”. Un final poco acorde para alguien cuyo arte fue calificado como “perfecto” por Auguste Rodin, que inspiró las características de la protagonista de la opera Madame Butterfly ya que Puccini no había visto nunca antes a una japonesa, que bailó ante emperadores y presidentes, y que fue pintada por muchos artistas de la época entre los que se encuentra Picasso (en la exposición Imágenes secretas. Picasso y la estampa erótica japonesa, exhibida en el Museo Picasso de Barcelona en 2009, había un espacio dedicado a los nexos que relacionaron al pintor malagueño y Sadayakko). Pese a todo, su residencia entre 1920 y 1937 se conserva hoy en Nagoya como museo dedicado a su memoria y a la de su último marido. La casa fue donada a la ciudad en 2000, trasladada de su emplazamiento original en 2005 y convertida en museo (Cultural Path Futaba Museum).

Las giras de Sadayakko y de todos los que la acompañaban en la compañía teatral de su marido sirvieron, según David Almazán, para poner al público occidental en contacto directo con el teatro japonés, pero también para introducir en su país nuestro teatro, en especial las obras de Shakespeare, y contribuir así a la reforma del teatro japonés y a la apertura general de Japón al mundo.

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EDITADO EN OCTUBRE DE 2013
En este video editado por la Obra Social La Caixa con motivo de su exposición Japonismo. La fascinación por el arte japonés, se pueden ver algunas muestras de la influencia de lo japonés en los artistas de principios del siglo XX, incluído el retrato que Picasso hizo de Sadayakko (a partir del minuto 1:37)

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ENLACES:

– La Biblioteca Nacional francesa conserva unas fotografías originales de época de las actuaciones de Sadayakko y el resto de los actores de la compañía en París (así como de la bailarina Louïe Fuller, ya que formaban parte de su espectáculo).

– Entrevista realizada por el periodista Yone Noguchi a la actriz en 1906 (“Sada Yacco” New York Dramatic Mirror, 17 Feb. 1906, p. 11), en inglés.

– La segunda parte de esta serie, Tsutsui tardó treinta años en volver

FUENTES:

-ALMAZÁN, V.D. (1998). “Descubrimiento, difusión y valoración del teatro japonés en España durante el primer tercio del siglo XX”. Artigrama, n. 13, pp. 331-346

– ALMAZÁN, V.D. (1998). “La actriz Sada Yacco: el descubrimiento del teatro japonés en España”. Anales de la Literatura Española Contemporánea; 23 (3), pp. 717-732.

– DOWNER, L. (2003). Madame Sadayakko: The Geisha Who Bewitched the West. Nova York: Gotham Books. (Hay otras ediciones, incluso con el título ligeramente alterado, en inglés; en castellano lo han editado al menos Lumen y Círculo de Lectores)

– RODRÍGUEZ CODOLÁ, M. (1900). “Cosas de la Exposición. Sada Yacco”. La Vanguardia, ed. 23-10-1900

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