CINE. Confucio (2010), de Hu Mei

Está a punto de estrenarse en España la película Confucio (Kong Zi, 2010), basada en la vida y las enseñanzas del maestro de las diez mil generaciones. Se trata de una ambiciosa película convenientemente estimulada por el gobierno chino como forma de recuperar la base de la moral confuciana que ha regido el país en los últimos 2500 años y que ahora debe convivir con la emergente individualidad capitalista. Me preguntaba cómo se podía hacer una película sobre un sabio cuyo mayor tesoro son sus enseñanzas y del que, por el contrario, poco se sabe con certeza sobre su vida. Tras visionarla, Confucio, de la directora Hu Mei, me ha parecido una película más inclinada al espectáculo que a dar una visión coherente del personaje.

Confucio vivió entre 551 y 479 antes de nuestra era, al final del llamado período de Primaveras y Otoños, antesala del período de los Reinos Combatientes que, como su nombre indica, significarán el fin definitivo de la segunda de las grandes dinastías chinas, la Zhou, y acabará con la victoria de uno de esos reinos que combaten, el de Qin y el primer emperador de China, Qin Shihuangdi (el de la tumba de los guerreros de Xian).

El maestro Kong era originario del pequeño señorío central de Lu, en la actual provincia costera de Shangdong. Según parece sus orígenes remotos eran aristocráticos, aunque para cuando él nace su familia ya es de condición modesta. Por su posición social, Confucio será miembro de una clase pujante entre la nobleza guerrera y los campesinos y artesanos, la que acabará copando más adelante los puestos del influyente funcionariado sobre el que se edificarán las sucesivas dinastías chinas. Ya de joven empezará a trabajar en puestos administrativos y a los 30 años parece haber desarrollado una fama de sabio que tiene discípulos y al que consultan grandes hombres. Seguirá ascendiendo peldaños en la vida política del estado de Lu hasta alcanzar el grado de ministro de Justicia. Es precisamente aquí donde arranca la trama de la película de Hu Mei.

Pero corren malos tiempos, la dignidad del gobernante y su compromiso de caballero se pierden con facilidad y entonces el mal gobierno acecha a los estados. Confucio se da cuenta de ello y decide marchar al exilio. Durante aproximadamente doce años ofrece sus servicios en otros reinos, sin demasiado éxito según parece. De hecho, entre sus contemporáneos parece ser conocido como “ese que se dedica a lo que sabe que es imposible” (Lun yu, XIV-41). Con más de sesenta años regresa a casa, en el estado de Lu, donde pasará sus últimos días enseñando a sus discípulos, cada vez más numerosos. Según la tradición es en esta época cuando fija los textos por los que hoy es conocido.

Contemporáneo de Buda y predecesor por 8 años de Sócrates, Confucio es junto a ellos, a Jesucristo, a Mahoma y a Marx uno de los pensadores más influyentes de la historia humana. Desde luego, es un referente ineludible desde entonces en el pensamiento y la mentalidad chinas. A partir de él, toda la filosofía china tendrá de alguna forma su punto de partida en sus doctrinas.

La película, estrenada a principios de 2010 en China con un gran despliegue de medios, describe esencialmente los últimos 22 años de la vida del maestro. A falta de datos biográficos sólidos y probados, el guión se inventa las circunstancias de todo lo que he explicado más arriba o, como mucho, da entrada a los datos no probados o altamente improbables de las fuentes antiguas, como por ejemplo el encuentro entre Confucio y el otro gran pensador de la civilización china, Laozi, el fundador del Taoismo, del que no se sabe casi nada en cuanto a su vida pero del que los especialistas deducen por su obra que debió ser al menos un siglo posterior. O también las causas de su marcha, ya que mientras la tradición habla de su marcha a causa del mal gobierno del príncipe, en la película es invitado por aquel a exiliarse. Y como último ejemplo, tal vez el más imaginario, el intento de seducirle de la concubina Nan-zi.

Por supuesto, esto no tiene nada de censurable, y además la historia funciona. Hu Mei, graduada en la Academia de Cine de Beijing el mismo año que el conocido director Zhang Yimou, realiza un trabajo sólido, con una narración ágil que no abusa de las escenas de guerra y que, pese al metraje de dos horas, no aburre. El actor de Hong Kong, Chow Yun Fat, realiza un trabajo más que correcto al encarnar al maestro. Otra cosa, sin embargo, es que al salir de la sala nos hayamos enterado de cual era el pensamiento de Confucio.

La ética confuciana

Y no es que la doctrina confuciana sea complicada, pero hay que admitir que la filosofía a través del cine no es tarea nada fácil. En este caso los diálogos del guión están llenos de frases que bien podrían atribuirse al maestro (no me he parado a comprobarlo, pero es probable que muchas de las frases estén entresacadas del Lun Yu). Sin embargo, sin tener algunas ideas claras de la doctrina confuciana, esas frases quedan poco más que al servicio de una historia e intentar ir más allá del mero espectáculo de cine para comprender un poco mejor al personaje se me antoja una tarea nada fácil.

El escenario que acompaña en pantalla el devenir de Confucio sí que me parece bastante interesante a la hora de retratar una época. Por un lado, el microcosmos de las escuelas de pensamiento que empiezan a aflorar. Una escena resume la importancia del maestro y de sus enseñanzas: el sacrificio de uno de sus discípulos cuando se sumerge varias veces en un río helado para salvar los rollos de tablillas que contienen el pensamiento de Confucio.

Por otro lado, el macrocosmos de la China preimperial, cuando todavía los rituales, los sacrificios de animales, la adivinación, el monopolio de todo ello por aquel que ostenta el Mandato del cielo (el que ostenta el poder) tienen aún vigencia. Unos ritos que ya empiezan a ser modificados (hay una escena en que Confucio critica la costumbre antigua de enterrar a los sirvientes con sus señores cuando estos mueren, costumbre que aun pervive en su época pero que no tardará en desaparecer totalmente). La ambientación, los escenarios, el vestuario, las costumbres que aparecen en escena creo que muestran muy bien un mundo antiguo cuya evidente crisis política ya provoca cambios también en su cultura.

Conclusión

Una película interesante pero que, más allá de cuatro conceptos éticos, no da idea de la doctrina confuciana.

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Ficha de la película en filmaffinity

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FUENTES

– CONFUCIO. Lun yu. Reflexiones y enseñanzas . Traducción, introducción i notas d’Anne-Hélène Suárez Girard. Barcelona: Kairós, 1997.

– CHENG, A. (2002). Historia del pensamiento chino. Barcelona: Edicions Bellaterra. (Colección Biblioteca de China Contemporánea, nº 10)

– DD.AA. (2004). Confucio. El nacimiento del humanismo en China. Barcelona: Fundació La Caixa.

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ENLACE PERMANENTE: http://wp.me/pO2mg-jR

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