Una biografía de Mao, el primer manga publicado en España

Que el manga levanta pasiones en Occidente es un hecho conocido, pero quizás muchos no sepan que el primer manga editado en España (en formato tomo) data de 1979. Quedan pocos ejemplares de aquella obra, La vida de Mao Tse Tung, con guión y dibujo de Fujio Fujiko (seudónimo de Abiko Moto, uno de los creadores del célebre Doraemon). Ese ejemplar lo he encontrado en el fondo de cómic de la biblioteca Tecla Sala, en l’Hospitalet (Barcelona). Su responsable, Jordi Puig, nos lo ha mostrado, junto a otra de sus joyas, como podéis ver en el siguiente video.

Esta historia de Mao fue editada en 1979 por Grijalbo. Recientemente se comentó que Editores de Tebeos, EDT, la antigua Glénat Ediciones, estaba a punto de reeditarlo, pero por el momento creo que no lo ha hecho. El manga tiene guión y dibujos de Fujio Fujiko, seudónimo de Abiko Moto (1934), uno de los dos creadores del célebre gato cósmico Doraemon. Cuando se publicó este cómic aquí en España, Doraemon tenía dos años de vida aunque el original del manga japonés sobre Mao es anterior (1973). La traducción del japonés la realizó en España Junichi Matsuura y la versión española del cómic se le atribuía a Albert Mayol.

Difusión hacia Occidente

La expansión del manga en Occidente es, cuando menos, curiosa. En Japón, sus orígenes suelen vincularse con actividades artísticas del siglo XIX, pero el cómic moderno (en tomos, no en tiras de diario) arranca a partir de finales de la década de 1940. Osamu Tezuka fue su gran profeta, y su personaje Tetsuwan Atom (Astro Boy, en Occidente) su gran éxito inicial. El maridaje con la animación alrededor de la década de 1960 contribuyó a impulsar la difusión de esta industria en Japón, que poco a poco iría ampliando su público infantil hacia la juventud y más allá.

Precisamente la difusión en los televisores estadounidenses de la serie Astro Boy en 1963 marca el inicio de la llegada masiva a Occidente del manga y de su versión animada o anime. A partir de ese momento, la publicación de mangas y la difusión de nuevas series japonesas de animación sería progresiva e imparable en Estados Unidos, sobre todo a partir de la década de 1970.

En Europa y en España la penetración de esta muestra de la cultura popular japonesa fue más lenta. Llegaron primero las series animadas: en España, Heidi (1975) o Mazinger Z (1978), por poner dos ejemplos que los cuarentones de hoy todavía recordamos. Y a partir de ahí, la expansión animada (Bola de Dragón, el largometraje Akira…) y también la llegada del cómic impreso: en 1979, el primero editado en España, La vida de Mao Tse Tung, con el que abríamos esta entrada.

Nuestra imagen de los robots

En poco más de tres décadas, la cultura popular japonesa se ha incorporado a la vida cotidiana de mucha gente: el manga, los restaurantes, las artes marciales, sus escritores, el idioma o el cine son sólo algunos ejemplos para que el lector se dé cuenta de cómo las invasiones también pueden ser pacíficas. Hoy, las ferias sobre manga, y en general sobre cultura japonesa, tienen el éxito asegurado a poco que se organicen bien. Sin ir más lejos, el Salón del Manga más veterano de España, el que creció en l’Hospitalet de Llobregat, tuvo que buscar recientemente un nuevo emplazamiento en Barcelona (la entrada es mía) para ampliar su superficie. Tal era el nivel de respuesta de los aficionados…

Recuerdo un ejemplo muy elocuente de lo que estamos hablando. Piensen ahora mismo en un robot. ¿Cuál es la primera idea que les ha venido a la mente? En la mayor parte de los casos apuesto a que ha sido un ingenio parecido a un ser humano (con dos brazos y dos piernas) y probablemente de metal, tal vez con capacidad de volar y quizás con una fuerza notable o con alguna destreza por encima de los humanos. Pues bien, su imagen es calcada a la de Tetsuwan Atom/Astro Boy, Mazinger Z y, en general, a la de los robots que Japón popularizó a partir la década de 1950 en sus cómics. Nuestro imaginario de los robots es, sin duda, de factura japonesa (si no me creen, busquen en Google imágenes bajo el texto “robot clásico”). Algún día volveré a hablarles de ello…

Heidi, Marco, Meteoro o Mazinger abrieron muchas puertas hacia mundos ampliamente desconocidos entonces en Occidente. Y con el tiempo las puertas quedaron abiertas de par en par para que las siguientes generaciones de jóvenes las disfrutaran.

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